Un sitio de 1980 lo está usando hoy
No somos una idea buscando su primer cliente. Hay un sitio de taxis de la Ciudad de México, fundado hace más de cuarenta años, cuya página pública y cuyo formulario de reserva corren sobre este sistema en este momento.
No lo nombramos acá a propósito. Sus teléfonos son para sus pasajeros, no para prospectos; publicarlos en una página de venta le llenaría la línea de llamadas que no pidió. En la reunión te decimos quién es, y si querés hablas con el dueño directamente.
Ese es el punto de todo esto: el sitio pone su nombre y su marca — en su página, en el boleto, en el kiosco. La nuestra va abajo, discreta, en un “desarrollado por”. Es la diferencia entre rentarle clientes a una aplicación y tener la tuya.
El radio, el cuaderno y el grupo de WhatsApp
Un sitio mueve decenas de viajes al día con tres herramientas: un radio, una libreta y un grupo de WhatsApp. Funciona — hasta que hay que responder tres preguntas y ninguna tiene respuesta escrita: cuántos viajes hicimos ayer, qué unidad está libre ahora mismo, y cuánto le toca a cada quien.
Eso no es un problema de disciplina. Es que no hay dónde quede registrado. TuRide es ese dónde.
Cuántos viajes no le quedan escritos a nadie
Dos datos que ya sabés de memoria. No pedimos dinero ni tarifas: el punto no es cuánto facturás — eso lo sabés mejor que nosotros — sino cuánto de lo que pasa por tu sitio queda anotado en algún lado.
Escribí tus dos números arriba y movés la barra. La cuenta se hace acá, en tu teléfono — no se manda a ningún lado ni queda registrada.
La única cosa que ponemos nosotros es que un mes son 30 días. Todo lo demás lo escribiste vos. Si tu mes es más movido, el número real es más grande que el que ves.
Un viaje, tres pantallas, un solo número
Esto es lo que el radio no puede hacer. El folio TK-04068B nace
cuando el pasajero pide el viaje, y aparece con la misma tarifa en la cola del
despachador, en la oferta que sale a la unidad y en el teléfono del conductor.
Nadie lo volvió a teclear en ningún momento.
El despachador lo ve entrar
La reserva cae sola en la columna de pendientes, con su folio, su ruta y cuánto lleva esperando.
$226
Se llena solo al elegirla
Origen, destino, pasajeros y tarifa. El despachador confirma; no transcribe, y por eso no se equivoca.
$225.98
Le llega al conductor
Con lo que va a cobrar, antes de aceptar. Cuando acepta, el viaje queda creado y el despachador lo ve moverse.
$225.98
Dos renglones que no cuadran, y por qué. En la tarjeta de la
cola dice $226 porque es una tarjeta chica y redondea; al centavo
son $225.98, como se ve en las otras dos. Y el chip de minutos del
teléfono marca 0 porque ese viaje todavía no guarda su duración —
es un hueco conocido, ya corregido para que diga — en vez de un
número que no midió nadie. Lo decimos porque vas a verlo, y porque un
proveedor que te señala sus propios renglones flojos es el que después no te
esconde una factura.
Si querés verlo moverse
Los recortes de arriba salen de estas dos grabaciones. Se hicieron de forma automatizada contra el backend real, con datos ficticios sembrados a propósito: ningún dato de una persona real aparece en pantalla.
El tablero de despacho
La cola, la flota disponible, el mapa — y la oferta que sale a la unidad.
La app del conductor
Turno, jornada, oferta recibida, y las seis etapas del viaje con botón de emergencia.
Lo que ve el pasajero
Pide sin instalar nada, y antes de subirse ve el nombre del chofer y la placa.
La pasajera ve nombre del chofer y placa antes de subirse. Es un control de seguridad, no un adorno.
Enséñanos tu sitio. Te enseñamos qué cambia.
La conversación útil no es sobre funciones: es sobre cuántas unidades tenés, cuántos viajes movés y dónde se te va el tiempo muerto. Con eso sobre la mesa se ve en minutos si esto te sirve.